chärm: 300 visitas y ningún carrito.
chärm es mi marca de collares de cuero hechos a mano. La web se veía bien y el anuncio tenía muchos clics, pero nadie agregaba al carrito. Audité el embudo completo —de la medición a la página de producto—, prioricé qué arreglar y lo implementé.
Tasa de agregado al carrito. Es una muestra chica: la leo como señal, no como resultado final.
Un collar de $140.000 que nadie llevaba al carrito.
chärm hace collares de cuero curtido vegetal, pintados y terminados a mano, en dos modelos —Petal y Bloomy— y cinco colores inspirados en flores. Cuestan unas seis veces más que un collar de diseño argentino, así que la web tiene que hacer el trabajo de una buena vendedora de boutique.
Después del lanzamiento, el anuncio de Meta tenía un 7% de clics —muy alto—, pero de 300 visitas ninguna agregó un collar al carrito. Antes de cambiar el diseño, necesitaba entender por qué.
Antes de rediseñar, medir.
Revisé el embudo de punta a punta: el anuncio, la medición, grabaciones de Microsoft Clarity, la página de producto en un celular con 4G lento y las consultas de WhatsApp.
“Con esa muestra no podía culpar al precio. Primero había que ver bien.”
A quién le hablamos.
De ahí salió la regla para cada decisión: boutique, no pet shop; mobile primero, porque el tráfico llega de Instagram y TikTok; el precio se justifica con evidencia, no con adjetivos; y nada de urgencia falsa ni reseñas inventadas.
Arreglar primero lo que más pesa.
Ordené los cambios por impacto y esfuerzo, empezando por lo que destrababa información:






